¡Son personas públicas, carajo!

 
“¡Son personas públicas, carajo!”… Esa fue mi primera expresión cuando un inteligente en Twitter me calificó de “mala leche” por publicar una nota sobre las lamentables declaraciones de Cristian Campestrini en un programa argentino.
 
Sí, la “gracia” de la pistola tiene más de un año que sucedió. Mientras Campestrini contaba esto yo no ponía mayor interés, era algo pasado y de lo cual ya se tenía una versión oficial. Caso cerrado, pues.
 
Sin embargo, no daba crédito a la confesión sobre que él y Matías Alustiza disparaban postas hacia la gente que transitaba por la calle (hombres únicamente, porque hasta para ser patán hay que tener un poco de educación), todo con una risa burlona de quien cree que sus “bromas” son “inocentes”.
 
Acto seguido, Campestrini asegura que Alustiza llamó al gobernador para que fueran liberados tras ser detenidos por portar esta arma de juguete, una anécdota que tomó proporciones mayúsculas por el simple hecho de que eso, aquí y en China, se llama tráfico de influencias.
 
¿No les gusta el término tráfico de influencias? ¿Si quieren le llamamos “compadrazgo” con el gobernador? ¿Se escucha mucho peor, no?
 
Alustiza desmintió a su “amigo” Campestrini, derramó lágrimas de cocodrilo, el Puebla -como es costumbre- no dio una postura sobre las pésimas declaraciones del arquero y Cristian solo grabó un video disculpándose de lo dicho, pero sin aclarar el tema del trafico de influencias.
 
En cualquier equipo o empresa de renombre se debe contar con un departamento de Cuidado de Imagen si es que tienen personas públicas dentro de su nómina, además de un grupo de profesionales encargados en el manejo de crisis. Estimado lector, eso no existe en el Puebla.
 
Campestrini cometió un grave error, Alustiza se lavó las manos, la afición se dividió aún más. Unos critican y exigen una disculpa pública de sus ídolos. Otros, los enajenados, solapan actos que muestran una clara falta de respeto del jugador.
 
Y no, esto tampoco es culpa del reportero o del medio que publica las barbaridades dichas por el portero. En Puebla, Campestrini ha mostrado una postura de no hablar con la prensa, misma actitud de Alustiza durante más de medio torneo.
 
La prensa deportiva poblana ha respetado esta actitud de los jugadores. Si ellos creen que nosotros somos los culpables de las críticas que reciben, muy su problema; sin embargo, insistiré en el tema: ¡Son personas públicas, carajo!
 
Sea como sea, una simple anécdota que todos conocíamos se convirtió en un escándalo por la mala decisión de Campestrini de revelar cosas que no venían al caso. Además, evidenció que Puebla carece de estrategias para el manejo de crisis, ya mejor ni hablemos del cuidado de imagen del futbolista.
 
Tan fácil que era llamar a Campestrini y decirle que ya no declarara nada y a su regreso hacer una rueda de prensa donde ofreciera una disculpa y aclarara lo sucedido. 
 
Sin el afán de ofender a nadie, solo era cuestión de usar la lógica para que esto no pasara a mayores.
 
Mi Twitter: @SirTavoMR14