Bajan de su ladrillo a Matías Alustiza

 
Un muy duro golpe de realidad le ha puesto José Guadalupe Cruz, entrenador del Atlas, al delantero argentino Gustavo Matías Alustiza, a quien le dejó en claro que los Rojinegros no son el Club Puebla, donde el “Chavo”, literalmente, hacía lo que quería.
 
Quien escribe esta columna lo dijo mil veces, a Matías le tenían muchas complacencias en el Puebla. ¿Qué gané? Un veto por parte del argentino y que mucha afición enajenada me tachara de mala leche por criticar al “crack”.
 
El berrinche de Alustiza al salir de cambio el pasado viernes y todavía faltarle el respeto al “Profe” era el pan de cada día en Puebla. A Matías le encantaba hacer drama por todo, sentirse atacado por todos y creer que el piso no lo merecía.
 
Y sí, bien lo dijo Cruz, Atlas no es el Puebla. En el club de Colomos no es la figura, pues sería imposible comparar a un delantero promedio con el máximo referente del futbol mexicano en los últimos años, Rafael Márquez Álvarez.
 
En Puebla, Alustiza podía despreciar al aficionado, meter grilla en el vestidor, escudarse en ser el consentido y, aún así, gozar del respaldo de una afición ávida de tener ídolos, aunque estos sean medianitos, como Matías.
 
Cada que Alustiza daba un buen juego, el argentino y sus “bros” dentro del club casi querían que se le colocara un monumento por cumplir con su trabajo. Cuando daba pena en la cancha, uno no podía señalarlo porque entonces era tachado de “mala leche”.
 
Y sé que muchos aficionados tirarán a matar contra este columnista, como lo hizo Matías con su compadre Campestrini y su estúpida pistolita de balines, pero esa es la realidad del argentino, un tipo inflado que no soporta no ser el centro de atención.
 
¡Aguas, que para allá va Campestrini!
 
Mi Twitter: @SirTavoMR14